Mostrando entradas con la etiqueta Albania. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Albania. Mostrar todas las entradas

sábado, 26 de agosto de 2017

Berat y Gjirokastër

Como me comentó un amigo albanés, dejaba la Albania natural y me pasaba a la Albania cultural. Berat y Gjirokastër son dos pueblos del interior al sur de Tirana que están declarados patrimonio de la Humanidad.
Ir de Tirana a Berat es muy sencillo, y basta con ir a la estación y coger uno de los muchos autobuses que pasan por allí. Una vez en Berat, lo mejor para ir al centro del pueblo es coger un autobús urbano en la propia estación de Berat que te deja en el centro.
Berat es una ciudad presiosa. A mí me encantó. Si tuviera que escoger una entre las dos sin duda eligiría Berat. No solo la parte antigua me parece mucho más bonita, sino que está más integrada con la parte moderna. Esta tiene un paseo peatonal a lo largo del río lleno de bares y cafés con mucha vida y con un gran ambiente.
Berat, la ciudad de los mil ojos. No me digáis qie no es chula
En Berat, además, me alojé en un pequeño hotelito (y lo de pequeño es verdad, solo tenía dos habitaciones), la Guesthouse Donend, muy bien situado y muy agradable. Además, tuve la suerte de que en la habitación de al lado estaba alojada una francesa muy maja con la que me fui a cenar y a tomar una cerveza.
Berat también tiene una ciudadela bien alta, pero bien alta, como también la tiene Gjirokastër. La verdad es que tanto tirar para arriba se me están poniendo unos gemelos y unos glúteos que para qué. Entiendo que las fortalezas había que hacerlas en alto, pero a veces te dan ganas de no subir cuando las ves desde abajo y el sol está cayendo a plomo. Pero finalmente las vistas siempre merecen la pena.

Calle en la ciudadela de Berat. Hay hasta bares para tomarse una cerveza después del esfuerzo...
De Berat fui a Gjirokastër, más al sur. Si la idea es pasar luego a Macedonia, como hice yo, igual es más fácil ir desde Tirana directamente a Gjirokastër, subir luego a Berat y cruzar después la frontera, pero yo lo hice de esta manera.
Para ir de Berat a Gjirokastër hay solo dos autobuses al día: uno a las ocho de la mañana y otro a la una y media, y se tarda unas cuatro horas. Como en Albania no se pueden reservar los buses, es conveniente ir un poco antes por si acaso, porque además son microbuses y enseguida se pueden llenar, como fue el caso. Lo bueno es que los albaneses son gente de recursos y rápidamente buscaron otro microbús par meter a la gente que se quedaba fuera.
Cuando llegas a Gjirokastër, el autobús te deja abajo, en la ciudad nueva, y entonces miras hacia arriba donde se supone que tienes tu hotel, a casi un par de kilómetros de distancia, y  le empiezas a coger un poco de manía a la ciudad. Además, cuando llegué, mi habitación la tenían ocupada, como ya me había pasado más veces en Albania, y, tras una pequeña discusión con la dueña del hotel, apareció el marido, más conciliador, y me ofreció una casa que alquilaba su madre muy cerca y que tenía vacía. Y así, pasé de tener una habitación a tener una casa a mi entera disposición. Bueno, realmente, a mi entera disposición no, porque por la noche descubrí que no iba a estar solo en la casa, sino que tenía un compañero de habitación, un pequeño artrópodo comúnmente llamado escorpión o alacrán. Sí, ya sé que los escorpiones de los Balcanes no son mortales (o eso encontré en Internet), pero os aseguro que no mola nada acostarte sabiendo que un escorpión anda rondando por ahí y que se puede pensar que tu macuto es un sitio estupendo para cobijarse o subirse a tu cama a ver si estás profundamente dormido mientras se pasea por encima de tu barriga. Afortunadamente no se me ocurrió pisarlo yendo al baño por la noche ni nada similar, y espero que si se metió en el macuto ya se haya muerto de hambre... o de otra cosa.


Mi compañero de habitación. Sí, es pequeño, pero hay veces que es mejor estar solo que mal acompañado
Salvando el pequeño percance con el escorpión, me reafirmo en que Berat me gusta más que Gjirokastër, aunque la fortaleza de esta creo que es más chula. En cualquier caso, es una ciudad que merece la pena visitar, aunque hay que tener cuidado con la compañía.
De Gjirokastër tenía lña posibilidad de ir hacia el sur, hacia Grecia (muy caro); al oeste, hacia la costa (no soy muy playero); o hacia el este, hacia Macedonia, que es la opción que escogí (y porque si realmente quiero llegar a Samarcanda, no me queda otra que ir hacia el este).
La ciudad que elegí como destino fue Ócride (u Ohrid), en la costa del lago de su nombre que hace frontera entre Albania y Macedonia. Pero ir de Gjorastër a Ócride no es tan sencillo. Primero hay que coger un microbús a las siete de la mañana hasta Korça (1.300 leks, casi seis horas). Es curioso que a mitad de camino te hacen cambiarte a otro microbús que viene de Korça y cada uno vuelve por donde ha venido. Después hay que coger otro hasta Pogradec (150 leks). Allí hay que ir en taxi hasta la fontera. Afortunadamente había dos chicas catalanas muy majas con las que compartí el taxi, y nos salió como a cuatro euros por persona. Se cruza la frontera andando y se camina un par de kilómetros hasta un monasterio, y desde allí se coge otro autobús hasta Ócride (dos euros; te dejan pagar en euros si no tienes dinares macedonios, como era mi caso). Y así entré en un nuevo país, Macedonia.

Vista de Gjirokastër. Sí,es chula también, pero no tanto


miércoles, 23 de agosto de 2017

De vuelta a Albania: Tirana

Ir de Kosovo a Albania es muy sencillo. Hay muchos autobuses que salen de Prizren (también de Pristina) a Tirana o a la costa albanesa. Como ya comenté en otra entrada, los kosovares se sienten albaneses y están convencidos de que en un futuro no muy lejano formarán parte del mismo país, y eso se nota también en la comunicaciones. Además, la costa albanesa para ellos es su lugar de vacaciones preferido (para el que se lo puede permitir).
El autobús a Tirana sale de la estación de autobuses de Prizren, o más bien de las "afueras" de la estación, porque no entra en el recinto, sino que para al lado de un kiosco que hya afuera.
Cruzamos la frontera casi sin enterarnos (de hecho, un mexicano que iba a mi lado me preguntó si realmente ya estábamos en Albania) y llegamos sin más novedades a Tirana.
Aunque leáis en Internet que en Albania en general y en Tirana en particular no hay estaciones de autobuses y que nunca sabes dónde van a parar, eso no es así. Es verdad que paran donde les da la gana (a veces incluso a 100 metros de la estación, lo que me permitió coger el autobús de Tirana a Berat), pero sí que hay estaciones y puedes coger los autobuses perfetamente allí, y Tirana no es una excepción.
Para ir al centro desde la estación de autobuses no hay más que salir fuera y coger uno de los autobuses urbanos que te llevan al centro (Quendar), muy cerquita de la avenida George W. Bush. Sí, el mismo, nos habéis leído mal.

La avenida George W. Bush en el mismísimo centro de Tirana. No me preguntéis por qué, que yo tampoco lo entiendo


Cuando llegué a mi hotel tuve la misma sorpresa que en Theth y que tendría después en Gjorokastër: mi habitación estaba ocupada. Si en Theth la solución pasó por recuperar mi habitación,pero endosarme al suizo y al sueco (buenos chavales), aquí pasó por poner una cama en su oficina y dormir allí. Eso sí, por lo menos me hicieron una rebaja.
Para el que no haya estado en Tirana, pues bueno, no se lo recomiendo. A mí no me pareció una ciudad nada interesante. Es verdad que cada vez me estoy aldeanizando más y prefiero las ciudades pequeñas o los pueblos, pero es que realmente me parece que Tirana tiene poco que ofrecer. Pero bueno, es una apreciación personal.

Plaza Skanderberg de Tirana. Muy a lo grande, como muchas plazas de países excomunistas




Deambulé un poco por el centro de Tirana y al día siguiente me fui para Berat. Para ir a la estación (que sí, que de verdad existe) hay que coger un autobús al lado del International Hotel Tirana y decirle al conductor que vas a la estación o a Dogana. Hay que contar también con la amabilidad de los albaneses. En un momento de duda hizo un amago de ponerme en pie y en seguida se acercó el cobrador para decirme que aún no, que ya me avisaría. Y el hombre que estaba sentado a mi lado resultó que hablaba inglés y que también iba a la estación a recoger a su padre, por lo que me apadrinó, me llevó a la estación y paró al autobús que ya salía conb dirección a Berat para que em subiera.

lunes, 7 de agosto de 2017

Albania: visado, moneda y otras curiosidades

El visado... pues más de lo mismo, para estancias inferiores a tres meses, no hace falta visado, basta con el pasaporte con validez mínima de seis meses. De hecho, ni siquiera te lo sellan. El trámite de la frontera de Montenegro con Albania fue el mismo que el de Croacia con Montenegro, ni siquiera nos bajamos del autobús.
La moneda oficial es el lek, que equivale a unos 132 o 133 euros. En cualquier caso, por lo menos en el norte (que es la única parte que conozco cuando estoy escribiendo esto, aunque luego viajaré hacia el sur) admiten euros en todos lados. Redondean a su aire, y algunas veces sale mejor pagar en euros y otras en leks, aunque la diferencia no suele ser mucha. Como en algunos bancos te cobran comisión (no en todos, pero en el único que hay en el camino a Valbona, en Bajram Curri, te cobran 700 leks), si no tenéis moneda albanesa cuando lleguéis allí, podréis pagar en euros y os saldrá mejor, porque os hacen un buen cambio.
El idioma es el albanés, que es una lengua indoeuropea que taambién se habla en Kosovo mayoritariamente, y en algunas zonas de Macedonia, Grecia e incluso Italia. Hay quien sugiere que deriva del antiguo ilirio, aunque últimamente ha surgido una teoría que lo haría derivar del dacio, aunque probablemente el ilirio y el dacio estarían emparentados. No me voy a meter en más follones, porque como me lea Toni, gran lingüista y mejor amigo, me puede cantar las cuarenta.
El nombre de Albania en albanés es Shqipëri/Shqipëria. Nada que ver.
Contrariamente a lo que se piensa (o a lo que pensaba yo, que no todo el mundo tiene que estar igual de equivocado), aunque la mayotía de la población de Albania es musulmana, hay un gran porcentaje de población cristiana (católica y ortodoxa), alrededor del 30%, aunque desde 1967 a 1991 fue un estado oficialmente ateo.

Iglesia católica en el valle de Theth
 Como buen navarro que soy, voy a meter aquí una cuña de historia desconocida por mucha gente incluso en mi tierra. Reinando en Navarra Carlos II de Evreux (el de Ujué), su hermano Luis estaba casado con la duquesa de Durazzo (actual Durres, en Albania), pero sin control sobre esa ciudad. Sin nada mejor que hacer, no se le ocurrió al tal Luis otra cosa que intentar conquistar Albania alegando los derechos que tenía su mujer. Para eso, su hermano Carlos le cedió la Compañía Blanca (o  Navarra), y allá que se fueron unos cuantos navarros a repartir mandoblazos por tierras albanesas, y consiguieron conquistar Durazzo en 1376. Pero hete ahí que Luis fue y se les murió ese mismo año, y a su viuda le dio por volver a casarse, por lo que los navarros se quedaron compuestos, sin novia y sin saber qué hacer. Ya que estaban bastante lejos de casa y no era cuestión de volver tan pronto, se enrolaron como mercenarios y aún estuvieron luchando contra los catalanes (curiosa la historia) y conquitando ciudades de la importancia de Tebas y Lebadia, aunque no pudieron con Atenas. En vista de lo cual, se dirigieron al sur, al Peloponeso, y se hicieron con el Ducado de Acaya, aunque, según palabras del historiador catalán Rubió, «sin acordarse nunca de su propia patria en sus conquistas, siquiera fuera para añadir á su corona un vano, pero ostentoso título de soberanía... El nombre de Navarino, si es que á ella se debe, es el único recuerdo, bastante glorioso por sí sólo, que ha dejado en Grecia...».
Hay una película de 1983 de Alfonso Ungría sobre este episodio. La vi hace muuuucho tiempo, por lo que no os puedo decir si era buena o no, no me acuerdo, simplemente constatar que existe.

No tiene nada que ver, pero de este suculento y colesterolérico plato que me zampé, lo primero parece chistorra. Sí, y lo de dtrás es una cerveza

miércoles, 2 de agosto de 2017

Virpazar y Godinje

Llegué a Virpazar y, ¡cómo no!, resulta que la estación de tren está en mitad de la nada y a unos 15-20 minutos del pueblo. Y, por supuesto, llegué alrededor de la una del mediodía y con un sol de justicia. Gracias a maps.me encontré un atajo que, tras cruzar la vía del ten a la brava, me llevaba por una senda al centro del pueblo. Centro del pueblo que, en realidad, es todo el pueblo. Cuando pregunté a Djuro si los trenes que iban de Kolasin a Bar paraban en Virpazar, me contestó con un rotundo: "¡Claro! Todos los trenes paran en Virpazar, ¡cómo no!", con lo que yo me había hecho a la idea de una, si no grande, sí al menos mediana ciudad con su estación de tren y todo. Pues bien, según la Wikipedia, Virpazar tiene 337 habitantes. De ellos, a ojo de buen cubero, 336 al menos se deben dedicar al turismo. Y dejo uno sin contar porque siempre suele haber una excepción, el "raro".

La mitad del pueblo de Virpazar
Pero ahí no había acabado mi viaje. En realidad no había reservado alojamiento en Virpazar, sino en Godinje, que está a unos cuatro kilómetros: dos cuesta arriba y dos cuesta abajo. Me habían dicho que un taxi desde Virpazar a Godinje costaba unos cuatro euros, dispendio que estaba dispuesto a asumir, pero lo que no me habían dicho es que en Virpazar solo hay dos taxis, y que puede que uno estuviera en Pogdorica y otro en Bar, como así sucedió. Por lo tanto, a las tres de la tarde (había hecho una paradita para hidratarme con una cerveza) me puse a hacer dedo en una carretera por la que no pasaba ni el Tato.
Al final sí pasó el Tato en forma de matrimonio alemán que se apiadó de mí... pero que iba a Bar, por lo que nuestros caminos solo coincidían en un kilómetro antes de que el mío se desviara. Eso sí, un kilómetro cuesta arriba a pleno sol que les agradeceré eternamente que me ahorraran.
Pero ya nadie más me paró y me tuve que chupar los otros tres kilómetros andando, con el macuto y con un solazo cuyo calificativo me ahorro por si me lee algún menor. Cuando llegué al alojamiento me ofrecieron un orujo casero de uva que hacen allí (es tierra de viñas), y debe ser la primera vez en mi vida que rechacé semejante oferta y les pedí por favor un buen vaso de agua fresca.


Viñas en Godinje. El segundo día sí probé el orujo
El resto del día lo pasé descansando y visitando un pueblo muy bonito, pero semiabandonado (Lekovici), que estaba colina arriba y desde donde había unas vistas del lago Skadar increíbles. La cena la preparó la señora de la casa donde dormía. Había verduras de un pequeño huerto que tenían, patatas con champiñoñes, carne y pescado del lago. Cené con una pareja de belgas que se alojaban allí también y, a tenor de la cantidad que nos puso la señora, yo creo que se había equivocado y pensó que íbanmos a cenar diez. Era una auténtica exageración, y estaba buenísima.

Lekovici visto desde la carretera hacia Godinje
 Al día siguiente los belgas me bajaron al pueblo en coche y yo me fui a hacer un poco el turista y di un paseo en barco por el lago. Me lo habían recomendado los belgas, pero, francamente, me decepcionó un poco. Eso sí, lo mejor fue el baño que nos dimos en mitad del lago, aunque el agua estaba un poco caliente.
Cuando volví a Virpazar me comí un bocata en la plaza y, cuando había decidido darme un paseo hasta Godinje ya sin el macuto, me encontré a Dolly (la holandesa del autobús de Tara Bridge a Kolasin) haciendo dedo en el mismo sitio en el que había estado yo el día anterior. Eso sí, en cinco minutos nos cogieron y nos llevaron hasta la misma puerta de la casa de Godinje. Hay días que se tiene más suerte que otros.
Quedamos a las siete para subir al otro pueblo y tomarnos una cerveza con las vistas al lago en un bar con terraza que había. Cuando ya nos volvíamos, me saludó un chico que me había visto el día anterior y se puso a hablar conmigo, y no sé cómo ni por qué me dijo que era de Banja Luka (Bosnia, en la parte serbia) y me empezó a enseñar fotos de cuando estaba en las fuerzas especiales en el frente de Banja Luka en la guerra de Bosnia. No le quise preguntar en qué bando, pero sí le saqué que seguía viviendo en Banja Luka y que tenía familia en Montenegro, donde hay una alto porcentaje de serbios, con lo cual...
Con un poco de mal rollo, bajamos a nuesta casa a disfrutar de otra cena, esta vez, además de Dolly y yo, con una pareja de ingleses, que quedaron en bajarme al pueblo al día siguiente a las 8,30 de la mañana para que pudiera coger el tren... a las 11,03.
A la mañana siguiente bajé con los ingleses y anduve haciendo tiempo hasta la hora del tren, y aún podía haber hecho más, porque llegó con una hora de retraso. Para llegar a Shköder, en el otro lado del lago, pero ya en Albania, debía ir en tren a Pogdorica (no sé lo que vale, porque no pasó el revisor) y allí coger un autobús a Shköder (11 euros) a la una, que también salió con una hora de retraso. Eso me dio tiempo a entablar conversación con una pareja de bosnios, una canadiense y una familia de chinos, ya que estábamos todos sin nada que hacer esperando al bus. Cuando por fin llegó, arrancamos para abandonar Montenegro y dirigirnos al próximo país de mi ruta hacia Samarcanda, Albania

Vista del lago Skadar. Lo verde son nenúfares, es también parte del lago, y el barquito que se ve es como el que me llevó de paseo