lunes, 7 de agosto de 2017

Albania: visado, moneda y otras curiosidades

El visado... pues más de lo mismo, para estancias inferiores a tres meses, no hace falta visado, basta con el pasaporte con validez mínima de seis meses. De hecho, ni siquiera te lo sellan. El trámite de la frontera de Montenegro con Albania fue el mismo que el de Croacia con Montenegro, ni siquiera nos bajamos del autobús.
La moneda oficial es el lek, que equivale a unos 132 o 133 euros. En cualquier caso, por lo menos en el norte (que es la única parte que conozco cuando estoy escribiendo esto, aunque luego viajaré hacia el sur) admiten euros en todos lados. Redondean a su aire, y algunas veces sale mejor pagar en euros y otras en leks, aunque la diferencia no suele ser mucha. Como en algunos bancos te cobran comisión (no en todos, pero en el único que hay en el camino a Valbona, en Bajram Curri, te cobran 700 leks), si no tenéis moneda albanesa cuando lleguéis allí, podréis pagar en euros y os saldrá mejor, porque os hacen un buen cambio.
El idioma es el albanés, que es una lengua indoeuropea que taambién se habla en Kosovo mayoritariamente, y en algunas zonas de Macedonia, Grecia e incluso Italia. Hay quien sugiere que deriva del antiguo ilirio, aunque últimamente ha surgido una teoría que lo haría derivar del dacio, aunque probablemente el ilirio y el dacio estarían emparentados. No me voy a meter en más follones, porque como me lea Toni, gran lingüista y mejor amigo, me puede cantar las cuarenta.
El nombre de Albania en albanés es Shqipëri/Shqipëria. Nada que ver.
Contrariamente a lo que se piensa (o a lo que pensaba yo, que no todo el mundo tiene que estar igual de equivocado), aunque la mayotía de la población de Albania es musulmana, hay un gran porcentaje de población cristiana (católica y ortodoxa), alrededor del 30%, aunque desde 1967 a 1991 fue un estado oficialmente ateo.

Iglesia católica en el valle de Theth
 Como buen navarro que soy, voy a meter aquí una cuña de historia desconocida por mucha gente incluso en mi tierra. Reinando en Navarra Carlos II de Evreux (el de Ujué), su hermano Luis estaba casado con la duquesa de Durazzo (actual Durres, en Albania), pero sin control sobre esa ciudad. Sin nada mejor que hacer, no se le ocurrió al tal Luis otra cosa que intentar conquistar Albania alegando los derechos que tenía su mujer. Para eso, su hermano Carlos le cedió la Compañía Blanca (o  Navarra), y allá que se fueron unos cuantos navarros a repartir mandoblazos por tierras albanesas, y consiguieron conquistar Durazzo en 1376. Pero hete ahí que Luis fue y se les murió ese mismo año, y a su viuda le dio por volver a casarse, por lo que los navarros se quedaron compuestos, sin novia y sin saber qué hacer. Ya que estaban bastante lejos de casa y no era cuestión de volver tan pronto, se enrolaron como mercenarios y aún estuvieron luchando contra los catalanes (curiosa la historia) y conquitando ciudades de la importancia de Tebas y Lebadia, aunque no pudieron con Atenas. En vista de lo cual, se dirigieron al sur, al Peloponeso, y se hicieron con el Ducado de Acaya, aunque, según palabras del historiador catalán Rubió, «sin acordarse nunca de su propia patria en sus conquistas, siquiera fuera para añadir á su corona un vano, pero ostentoso título de soberanía... El nombre de Navarino, si es que á ella se debe, es el único recuerdo, bastante glorioso por sí sólo, que ha dejado en Grecia...».
Hay una película de 1983 de Alfonso Ungría sobre este episodio. La vi hace muuuucho tiempo, por lo que no os puedo decir si era buena o no, no me acuerdo, simplemente constatar que existe.

No tiene nada que ver, pero de este suculento y colesterolérico plato que me zampé, lo primero parece chistorra. Sí, y lo de dtrás es una cerveza

miércoles, 2 de agosto de 2017

Virpazar y Godinje

Llegué a Virpazar y, ¡cómo no!, resulta que la estación de tren está en mitad de la nada y a unos 15-20 minutos del pueblo. Y, por supuesto, llegué alrededor de la una del mediodía y con un sol de justicia. Gracias a maps.me encontré un atajo que, tras cruzar la vía del ten a la brava, me llevaba por una senda al centro del pueblo. Centro del pueblo que, en realidad, es todo el pueblo. Cuando pregunté a Djuro si los trenes que iban de Kolasin a Bar paraban en Virpazar, me contestó con un rotundo: "¡Claro! Todos los trenes paran en Virpazar, ¡cómo no!", con lo que yo me había hecho a la idea de una, si no grande, sí al menos mediana ciudad con su estación de tren y todo. Pues bien, según la Wikipedia, Virpazar tiene 337 habitantes. De ellos, a ojo de buen cubero, 336 al menos se deben dedicar al turismo. Y dejo uno sin contar porque siempre suele haber una excepción, el "raro".

La mitad del pueblo de Virpazar
Pero ahí no había acabado mi viaje. En realidad no había reservado alojamiento en Virpazar, sino en Godinje, que está a unos cuatro kilómetros: dos cuesta arriba y dos cuesta abajo. Me habían dicho que un taxi desde Virpazar a Godinje costaba unos cuatro euros, dispendio que estaba dispuesto a asumir, pero lo que no me habían dicho es que en Virpazar solo hay dos taxis, y que puede que uno estuviera en Pogdorica y otro en Bar, como así sucedió. Por lo tanto, a las tres de la tarde (había hecho una paradita para hidratarme con una cerveza) me puse a hacer dedo en una carretera por la que no pasaba ni el Tato.
Al final sí pasó el Tato en forma de matrimonio alemán que se apiadó de mí... pero que iba a Bar, por lo que nuestros caminos solo coincidían en un kilómetro antes de que el mío se desviara. Eso sí, un kilómetro cuesta arriba a pleno sol que les agradeceré eternamente que me ahorraran.
Pero ya nadie más me paró y me tuve que chupar los otros tres kilómetros andando, con el macuto y con un solazo cuyo calificativo me ahorro por si me lee algún menor. Cuando llegué al alojamiento me ofrecieron un orujo casero de uva que hacen allí (es tierra de viñas), y debe ser la primera vez en mi vida que rechacé semejante oferta y les pedí por favor un buen vaso de agua fresca.


Viñas en Godinje. El segundo día sí probé el orujo
El resto del día lo pasé descansando y visitando un pueblo muy bonito, pero semiabandonado (Lekovici), que estaba colina arriba y desde donde había unas vistas del lago Skadar increíbles. La cena la preparó la señora de la casa donde dormía. Había verduras de un pequeño huerto que tenían, patatas con champiñoñes, carne y pescado del lago. Cené con una pareja de belgas que se alojaban allí también y, a tenor de la cantidad que nos puso la señora, yo creo que se había equivocado y pensó que íbanmos a cenar diez. Era una auténtica exageración, y estaba buenísima.

Lekovici visto desde la carretera hacia Godinje
 Al día siguiente los belgas me bajaron al pueblo en coche y yo me fui a hacer un poco el turista y di un paseo en barco por el lago. Me lo habían recomendado los belgas, pero, francamente, me decepcionó un poco. Eso sí, lo mejor fue el baño que nos dimos en mitad del lago, aunque el agua estaba un poco caliente.
Cuando volví a Virpazar me comí un bocata en la plaza y, cuando había decidido darme un paseo hasta Godinje ya sin el macuto, me encontré a Dolly (la holandesa del autobús de Tara Bridge a Kolasin) haciendo dedo en el mismo sitio en el que había estado yo el día anterior. Eso sí, en cinco minutos nos cogieron y nos llevaron hasta la misma puerta de la casa de Godinje. Hay días que se tiene más suerte que otros.
Quedamos a las siete para subir al otro pueblo y tomarnos una cerveza con las vistas al lago en un bar con terraza que había. Cuando ya nos volvíamos, me saludó un chico que me había visto el día anterior y se puso a hablar conmigo, y no sé cómo ni por qué me dijo que era de Banja Luka (Bosnia, en la parte serbia) y me empezó a enseñar fotos de cuando estaba en las fuerzas especiales en el frente de Banja Luka en la guerra de Bosnia. No le quise preguntar en qué bando, pero sí le saqué que seguía viviendo en Banja Luka y que tenía familia en Montenegro, donde hay una alto porcentaje de serbios, con lo cual...
Con un poco de mal rollo, bajamos a nuesta casa a disfrutar de otra cena, esta vez, además de Dolly y yo, con una pareja de ingleses, que quedaron en bajarme al pueblo al día siguiente a las 8,30 de la mañana para que pudiera coger el tren... a las 11,03.
A la mañana siguiente bajé con los ingleses y anduve haciendo tiempo hasta la hora del tren, y aún podía haber hecho más, porque llegó con una hora de retraso. Para llegar a Shköder, en el otro lado del lago, pero ya en Albania, debía ir en tren a Pogdorica (no sé lo que vale, porque no pasó el revisor) y allí coger un autobús a Shköder (11 euros) a la una, que también salió con una hora de retraso. Eso me dio tiempo a entablar conversación con una pareja de bosnios, una canadiense y una familia de chinos, ya que estábamos todos sin nada que hacer esperando al bus. Cuando por fin llegó, arrancamos para abandonar Montenegro y dirigirnos al próximo país de mi ruta hacia Samarcanda, Albania

Vista del lago Skadar. Lo verde son nenúfares, es también parte del lago, y el barquito que se ve es como el que me llevó de paseo

martes, 1 de agosto de 2017

Kolaṡin

De Zabljak empecé mi camino hacia el sur y hacia Albaniacon una primera parada en Kolaṡin. La distancia no es excesiva, pero la manera de llegar no estan fácil. Primero hay que coger un autobús a las 11 de la mañana en Zabljak hasta Tara Bridge, que, como su nombre indica, es un puente sobre el cañón del Tara, y esperar allí a que llegue otro con destino a Kolaṡin. La ventaja principal es que hay una vista preciosa desde el puente. La desventaja, que en realidad en Tara Bridge solo hay un par de tenderetes y un bar, y las indicaciones que te dan de que el autobús llegara a las 13 (otra persona me dijo a las 12,30) y que hay que esperar en mitad de la nada a pleno sol y esperar que paren no invitan mucho al optimismo.
Como en estos casos casi nunca se está solo, en Tara Bridge se bajó también una chica holandesa con la que compartí café y conversación y, si las cosas venían mal dadas, compartiríamos espera haciendo dedo. Pero al final resultó que las informaciones eran correctas y apareció un autobús pequeñico que nos paró y nos llevó a Kolaṡin. Allí, comimos estupendamente en un restaurante junto a la estación de autobuses y luego nos separamos, porque ella se iba a un pueblo un poco más lejano, aunque comprobamos que coincidiríamos dos días después en la misma casa de huéspedes en Godinje, en el lago Skadar.

Vista del río Tara desde el puente

Mi alojamiento en Kolaṡin estaba un poco apartado del pueblo (y cuando te pones a andar a las cuatro de la tarde con una temperatura que ya no era la de Durmitor, sino que había subido unos cuantos grados, eso puede suponer un pequeño problema), pero superó todas mis expectativas. Tenía un apartamento entero para mí, con una cama en la que me podía perder, cocina, salón y baño, y todo completamente nuevo y por 17 euros la noche, lo que en un principio me había parecido caro (mi presupuesto para dormir suele ser menor), pero, visto lo visto, fue una gran inversión. Además, Djuro, mi casero, es un chaval supermajo que habla perfectamente inglés y que me aconsejó fenomenal, entre otras cosas, sobre un pequeño detalle que yo desconocía, y es que Kolaṡin tiene estación de tren y mi próximo destino también, por lo que podía ir allí en mi medio favorito de transporte (junto con los barcos).
Kolaṡin  es un pueblo pequeño, pero muy agradable, con un par de calles peatonales y que se congratula de ser el pueblo que más bares por habitante tenía en la antigua Yugoslavia (ignoro si sigue siéndolo en Montenegro, pero no veo por qué no).

Vista de Kolaṡindesde la estación del tren.

La idea de ir a Kolaṡin era por acercarme al parque natural de Biogradska Gora, pero resultó que era un poco más complicado de lo que parecía. Creo que para ello es mejor dormir en Mojkovac. Desde Kolaṡin hay que coger un autobús que, si va lleno no te para, y te deja como a cuatro o cinco kilómetros de la entrada del parque, y a la vuelta lo mismo o ir a dedo, que es verdad que es una manera fácil de viajar por Montenegro porque la gente suele parar bastante. En cualquier caso, decidí hacer una ruta circular desde Kolaṡin que tenían anunciada en la plaza del pueblo y que era de 10 km, pero que, con mis consabidos despistes, se convirtieron en 13. La ruta la verdad es que fue muy bonita, entre almendros y pinos, y tenía el aliciente de que pasaba por las ruinas (bastante ruinosas, por cierto) de Tvrdava Barutana, que era un antiguo molino-torreón que habían construido los turcos y del que los lugareños estaban muy orgullosos, porque todos los que me hablaban de Barutana me decían que el aquitecto, que era un cristiano enrolado en el ejército turco, lo hizo con forma de cruz (griega). Al que no le dio mucho tiempo de estar orgulloso de su obra fue al arquitecto en cuestión, porque, en cuanto el turco encargado de las obras se dio cuenta del trazado del molino, pensó que él también podía trazar un diseño original con su cimitarra y le cortó la cabeza.

Ruinas de Tvrdava Barutana. Os aseguro que aún se puede apreciar la forma de cruz griega
Además, en el camino ascedente hasta Kukunovac, desde donde se volvía a bajar hacia Kolaṡin, me encontré con una pareja que estaba reposando al lado de una pequeña choza redonda. Al principio no me di cuenta muy bien de lo que era, pero luego me percaté de que eran carboneros y la choza era el lugar donde frabicaban el carbón.
Después de hacer dos noches en mi maravilloso alojamiento (y con ganas de quedarme algún día más en aquella mansión), al día siguiente la novia de Djuro (este no podía, porque era domingo y estaba un poco resacoso) me acercó en coche a la estación de tren (que, como se puede apreciar en la foto, estaba un poco alejada del pueblo y además cuesta arriba) para coger el tren de las 10,30 con destino a Virpazar, en el lago Skadar.
El tren en Montenegro es muy barato (tres euros me costó el billete para algo más de 100 km) y te brinda unas vistas espectaculares, porque empieza a una altura considerable hasta llegar al nivel del mar... cuando se puede ver algo, porque la mayor parte del recorrido lo hace entre túneles. Pero, aun así, merece la pena.

Carbonera en el camino de Kolaṡin a Kukunovac



domingo, 30 de julio de 2017

Ẑabljak (parque nacional de Durmitor)

Desde Kotor cogí el autobús de las 11,30 directo hasta Ẑabljak (14 euros), que tarda unas cuatro horas. En realidad no es un autobús, sino una furgoneta, pero cada uno con su asiento y con aire acondicionado... según le venía bien al conductor, que era el que lo subía o lo bajaba según le daba.
Llegamos a Ẑabljak puntuales y lo primero que hice fue ir a comer a un restaurante que hay al lado de la estación de autobuses en el que se come muy bien y, como en todo Montenegro, por buen precio. El alojamiento ya lo tenía reservado de antes y después me fui a echar la siesta. Pasé el resto del día informándome sobre el parque y las excursiones que se pueden hacer.
Hice tres noches en Ẑabljak, así que me decidí por dos trekkings que me recomendaron en la oficina de turismo. La ruta de los lagos hasta el lago Jablan (Jablan jezero) y la cueva de hielo (Ledena pecina).
El primer día hice la ruta de los lagos. Para entrar en el parque nacional hay que pagar una entrada de tres euros. No hay descuento para dos días, pero, por lo que me dijo una pareja checa, para tres días cuesta seis euros. No sé si hay descuentos para más días.
Lo primero que tengo que hacer es quitarme el sombrero ante los responsables de la señailzación de las rutas. Realmente es una pasada, es casi imposible perderse. Las rutas (por lo menos las dos que yo hice, pero, por lo que em comentó más gente, vale para todas las del parque) están extraordinariamente marcadas. Da gusto. En cuaquier caso, nunca está de más, por si eres un poco torpe (y yo lo soy), llevar un mapa que puedas consultar offline por si acaso. Ya sabéis que yo tengo debilidad por maps.me, pero seguro que hay otros.
Una cosa buena que tiene Durmitor es que es para todos los públicos. Hay un paseo alrededor del lago Negro al que van familias con niños, gente que no está en forma, pero a la que le gusta disfrutar de la naturaleza, etc. Puedes bordear el lago y en total haces unos 5 km planos. Y luego hay rutas asequibles, chungas (medium-hard, las llaman) y chunguísimas (very hard). Las dos que yo hice eran medium-hard, aunque sospecho que la primera era medium y la segunda hard, pero me complace comprobar que aún estoy para hacer alguna ruta de estas (aunque el segundo día llegué bastante cansado).
La ruta de los lagos (hasta el lago Jablan), empieza en el lago Negro y va subiendo por entre bosques de abetos hasta el lago Zmijinje. Hasta ahí la ruta, aunque de subida, es bastante asequible, pero se pone algo mñas difícil para llegar al lago Jablan. Eso sí, el camino es presioso. Francamente, Durmitor es unos de los paisajes naturales más bonitos que recuerdo. El final del camino hasta el lago lo hice con una pareja checa que me comentó que ahbían subido al punto más alto del parque el día anterior, pero que les había parecido realmente duro, razón de más para reafirmarme en mi proyectada excursión a la cuenca de hielo (sin saber que también iba a ser bastante más duro que el camino de los lagos).


El lago Zmijinje
A la vuelta me junté con un grupo de españoles que estaban haciendo Albania-Montenegro. Como yo suelo tener suerte en los viajes, resulta que el guí que llevaban era albanés y hablaba perfectamente castellano, y me recomendó unos cuantos lugares que no debo perderme cuando llegue a su país y a quien, por supuesto, piensoi hacer caso.
Bajé un rato con ellos y fue una pena que estuvieran durmiendo en Kolasin y no en Zabljiak, porque me habría gustado tomarme unas cerveazs con ellos, pero bueno. 
Al día siguiente hice la ruta de la cueva de hielo. Yo pensaba que iba a ser un poco como la de los lagos, que, sin estar saturada, sí que te ibas encontrando gente por el camino. Pero en esta, después de la primera media hora, me encontré solo durante un buen rato (como una hora), así que, cuando vi que venía una pareja por detrás de mí, les pregunté si iban a la cueva y, al decirme que sí, me sentí más tranquilo. Me dijeron que no me preocupara, que si me pasaba algo ya cuidarían de mí. Es bueno saber que hay alguien cerca por si te pasa algo ( te puedes torcer un tobillo, desmayarte, etc.). Luego me junté con unos bosnios que iban un poco más rápido y con ellos llegué hasta la cueva. Tengo que decir que el último tramo, rocoso, era bastante duro. Los últimos pensamientos de los que tengo constancia antes de lleegar es "¿Dónde está la p. cueva?" y "¿Qué c. hago yo viniendo aquí?". 

Vista desde la cueva de hielo. Al fondo Zabljak. Parece que no, pero está lejos, lejos.
Empecé a bajar después de una pareja que parecía que iban bastante lentos, pero, no sé cómo ni por qué, acabé bajando por otro camino diferente al que había subido (cuando no era esa mi intención) y completamente solo otra vez. Únicamente me encontré a un niño pastor a mitad de camino con sus ovejas.
Con muchas más ganas que el día anterior llegué a Zabljak cansado, pero contento de haber hecho la ruta sin mayores complicaciones.
Al día sguiente me enteré de que ese mismo día, no sé si en la ruta de la cueva o en la del pico más alto que habían hecho los checos dos días antes, se murió una senderista checa, aparentemente experimentada, porque se salió del camino y se despeñó. Por lo tanto, mucho cuidado que no es broma.
Esa noche me fui a tomar una cerveza y es cuando vi la semifinal de waterpolo (ya me imaginaba una fiesta por todo lo alto, pero no pudo ser), y me fui a dormir pronto porque a la mañana siguiente tenía que coger el autobús de las 10 para Kolasin (con trasbordo incluido en Tara Bridge, es decir, en un cruce de caminos).

Montenegro: visado, moneda y otras curiosidades

En cuanto al visado, no es solo que no haga falta, sino que ni siquiera hace falta el pasaporte si vas a estar menos de 30 días. Para estancias de hasta 90 días sí que se necesita pasaporte. En cualquier caso, siempre recomiendo visitar la página del Ministerio de Asuntos Exteriores por si cambian las cosas, aunque en el caso de Montenegro no creo que lo hagan en el corto plazo, porque, además, es un firme candidato para entrar en la Unión Europea.
Y respecto a la moneda, pues para qué queremos más. Aunque no forman parte de la Unión Europea ni de la Zona Euro, el marco alemán era la moneda de facto desde 1996, por lo que el paso lógico siguiente fue adoptar el euro como moneda oficial en 2002, con lo que nos ahorramos las comisiones del cambio de moneda y podemos calcular perfectamente cuánto valen las cosas. Y sí, hay países que utilizan el euro que son más baratos. Por poner un ejemplo, hoy me he tomado un café turco en la estación por 0,50 euros, y ayer comí un gulash de cordero, una ensalada de col y tomate y medio litro de cerveza por 5,30. Igual que en Tafalla (poned aquí la ciudad de España que queráis), vamos.
En cuanto al idioma oficial, es el montengrino, una variante del serbocroata. Una cosa que choca cuando entras en Montenegro es que ves textos escritos con alfabeto latino y textos con cirílico, aunque el primero es mayoritario. Mi teoría, que es solo eso, una teoría, es que el cirílico lo utliza parte de la minoría serbia que vive aquí, que es bastante importante.

Estación de tren de Kolaṡin con el nombre en alfabeto latino y cirílico

Parece que el nombre Montenegro, Crnaa Gora en montenegrino, que significa precisamente eso, monte negro, viene de la traducción veneciana del nombre, cosa que a nosotros nos viene de maravilla, pues se dice igual.
La religón mayoritaria es la ortodoxa, aunque también hay musulmanes y unos pocos católicos.
La mayoría de la población es de etnia montenegrina, con un gran porcentaje de serbios (de hecho, son muy parecidos) y con minorías importantes albanesas y bosnias. Como hasta 2006 estuvieron unidos a Serbia, las relaciones y afinidades con este país son muy fuertes. De hecho, me tocó ver en un bar la semifinal del mundial de waterpolo entre Croacia y Serbia, y absolutamente todo el mundo iba con Serbia. Fue una pena que, después de ir ganando durante casi todo el partido, al final perdieran los serbios 11-12 y me quedara con las ganas de ver la celebración de una victoria contra los croatas. Otra vez será.
Según la Constitución de Montenegro de 2007, el país tiene dos capitales oficiales: Pogdorica, que es la más conocida, y que durante la época yugoslava se llamaba Titogrado, y Cetiña, que es la capital histórica y donde reside el presidente de la república.

viernes, 28 de julio de 2017

Conociendo Montenegro: Kotor

El viaje que no debia durar más de dos horas duró realmente cuatro por las colas que había en la frontera. Una cosa que me sorprendió mucho fue la de matrículas de países europeos diferentes que vi esperando su turno para ppasar a Montenegro. Pensaba que no era un destino demasiado explotado, pero ya en el autobús me di cuenta de que no era así.
El autobús bordeó toda la bahía de Kotor, lo que nos llevó un buen rato, porque, aunque yo había oído que era el fiordo más meridional de Europa, según la Wikipedia es el antiguo cañón sumergido de un desaparecido río y se introduce 28 km en tierra. Como der estas cosas no tengo ni idea, le preguntaré a mi amigo Pablo, que es geólogo, a ver si me lo puede aclarar.
Para los que van en coche, hay un ferry que cruza la parte más estrecha de la bahía y ahorra una buena minutada, pero el autobús tenía que recorrerla entera porque hay más pueblos además de Kotor y la gente también tiene derecho a bajarse y subirse en ellos.
La ciudad vieja de Kotor es impresionante, está muy bien conservada y la domina una fortaleza a la que hay que subir cuando no pega mucho el sol y tomándoselo con tranquilidad, porque realmente hay que hacer un gran esfuerzo. El único problema que tiene, que no es pequeño, es que está muy masificada, por lo menos en verano, que es cuando la he visitado yo. No tengo más que decir que, además de mochileros y turistas en coche de todos los rincones de Europa, en la bahía entran también grandes cruceros que desembarcan a sus pasajeros en la ciudad. Imaginaos eso en un pueblo de 5.000 habitantes, pero cuya parte vieja probablemente sea una tercera parte. Todo esto unido a un calor y una humedad asfixiantes.

La ciudad vieja de Kotor desde la fortaleza. Al fondo, el Norwegian Star

Para entrar a la fortaleza, además, hay que pagar tres euros, pero el dueño de mi hostel, coreano afincado en Kotor (por algo se llamaba Korea Kotor Hostel), me enseñó un camino que subía a la fortaleza extramuros y por el que no había que pagar, así que por allí subí yo. Tres euros dan para dos cervezas grandes en Kotor. En la parte más alta de la fortaleza, después de recuperar el aliento y admirar las vistas, que son espectaculares, me puse a charlar con una pareja que hablaban en español. Resultó que eran una pareja de investigadores (ella gallega y él polaco) que vivían en Donosti y que estaban de vacaciones, y aprovecharon para contarme un poco la realidad de la investigación en España, pero mejor eso lo dejo para otro día. En cualquier caso, me quito el sombrero ante ellos.
Poquico a poco fuimos bajando y, cómo no, una cosa llevó a la otra y al final, como no podía ser de otra manera, nos fuimos a tomar unas cervezas y lo pasamos tan ricamente. Eso sí, a la mañana siguiente el dueño del hostel me rependió suavemente diciéndome que "había llegado muy tarde", y eso que eran... ¡las 00.30! Me gustaría verlo un día de Navidad en Tafalla a ver qué opinaba.
En fin, ya me había sacado un billete de autobús (estación bastante más agradable que la de Dubrovnik) para las 11 de la mañana con destino a Zabliak, en el parque nacional de Durmitor, del que me habían hablado maravillosamente, y con cuatro horas de camino por delante, allá que me fui.

jueves, 27 de julio de 2017

En la Unión Europea... de nuevo

Después de mi periplo del año pasado (y parte de este), que no acabó como pudiera parecer en Birmania (por razones que no vienen al caso, no seguí el blog y me tuve que volver antes de tiempo, pero, aun así, conseguí dar la vuleta al mundo. Después de Birmania estuve en Tailandia, Malasia, Australia, Nueva Zelanda, Argentina, Uruguay, Brasil, Paraguay, Argentina de nuevo, Chile, Bolivia y Perú, desde donde me tuve que volver), comienzo otro viaje que, aunque no sé muy bien dónde y por dónde me va a llevar, espero que acabe en Samarcanda (Uzbekistán).
Una vez más, salí de Tafalla con destino a Barcelona, donde, por cierto, hacía bastante calor. Como  mi primer destino fuera de la Unión iban a ser los Balcanes, qué mejor manera de prepararse que pasar un fin de semana en  buena compañía (con mi amiga Lourdes) por el Prineo (o Prepirineo, aún no lo tengo claro) catalán. Como no disponíamos de coche, buscamos en una página que me enseñó Lourdes y que recomiendo a todo el que esté en Cataluña, le guste hacer senderismo y no tenga coche, www.senderismeentren.cat. Muestra una gran cantidad de excursiones que se pueden hacer llegando en tren a una estación y volviendo desde otra después de hacer una ruta lineal o desde la misma después de hacer una ruta circular.
Nos decidimos por ir a Ribes de Freser y creo que no nos equivocamos. Nos acercamos  a la oficina de turismo y tenemos que agradecer a la chica que estaba allí la buena información que nos dio sobre los diferentes itinerarios que se pueden hacer desde el pueblo, que son varios.
El primer día fuimos a Planoles, ruta muy bonita y no muy exigente, que tiene un aliciente añadido. En lo más alto del camino, pasada la mitad del trayecto, hay un pueblo pequeño, Ventolà, donde hay un restaurante, Ca l'Anna, en el que se come de maravilla, con muy buenas vistas y por un precio muy asequible. Desde Planoles cogimos el tren y volvimos a Ribes.

Camino de una buena comida en Ventolà
El segundo día subimos a Pardines, un pueblo precioso y donde, gracias a la recomendación de la chica de turismo, comimos en otro restaurante espectacular por un buen precio, Can Serra.
De ahí nos volvimos a Barcelona y al día siguiente, lunes 24, cogí un avión para Dubrovnik.
Viiendo los precios de los alojamientos en Dubronik, y como ya había estado un par de veces, decidí ir directamente a Montenego, a la ciudad de Kotor. Saqué un billete de bus por Internet en getbybus.com y, en cuanto llegué al aeropuerto, cogí un autobús para la estación central de Dubronik.
Aquí tengo que hacer un pequeño inciso. Hay dos compañías de buses que te llevan del aeopuerto a la ciudad. En una no se puede pagar con tarjeta ni con euros, por lo que la única opción es cambiar a la moneda croata. En la otra, te dejan pagar en euros y, si solo llevas un billete de 20 euros, como era mi caso, y le dices que vas directo a Montenegro, te devuelven en euros. Todo un detalle.
La estación de autobuses de Dubrovnik es bastante cutre. Solo hay una pequeña sala de espera con aire que no funciona muy bien y os aseguro que hacía mucho calor y mucha humedad. Para más inri, nuestro autobús salió con una hora y media de retraso, a lo que hay que hay que añadir las colas en la frontera (y eso que nuestro autobusero se coló), con lo cual llegué a Kotor a las cuatro en vez de a la una como estaba previsto.